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De sindicatos y milicias

by PolitiKa UCAB
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Mercedes Martelo  / 06 de noviembre de 2014

El llamado primer contrato colectivo socialista de los servidores de la patria entró en discusión formalmente a partir de esta semana. El patrono “Estado” y los ¿representantes sindicales? Analizarán, aparte de condiciones laborales clásicas, una propuesta espeluznante: la creación de milicias de empleados públicos.

La contratación colectiva se supone un instrumento legal para organizar las condiciones de trabajo en el ámbito de un sector laboral de manera que no haya diferencias extremas entre trabajadores similares de diferentes empresas u organizaciones. Representantes de las partes (trabajadores y patronos) negocian hasta acordar las condiciones que resultan convenientes y sustentables. Los trabajadores buscan no solo mejoras en las remuneraciones, sino también apoyo en servicios médicos, recreativos, educativos. Los patronos buscan satisfacer las solicitudes de los trabajadores sin que ello signifique afectar la viabilidad de la organización. La negociación debe resultar en un acuerdo que ampara a todos los trabajadores del sector por un tiempo determinado, luego del cual volverá a revisarse.

En el transcurso de la evolución del capitalismo, los trabajadores aprendieron que a estas negociaciones resultaba más conveniente presentarse organizados en estructuras que reciben el nombre de sindicatos (Drae: asociación de trabajadores constituida para la defensa y promoción de intereses profesionales, económicos o sociales de sus miembros).

Cuando el patrono es el Estado, la negociación es más compleja porque entran en juego nuevos niveles de intereses que involucran a toda la sociedad, no obstante, en una sociedad ‘normal’ se trataría de una negociación en la cual los trabajadores buscan mejoras en sus condiciones laborales y el Estado busca llegar hasta un nivel sustentable de satisfacción en el marco de una negociación que reflejaría las condiciones de las fuerzas políticas en un momento dado.

Pero en Venezuela no estamos en una sociedad normal, no vivimos un tiempo normal sino un tiempo de confusión, de altos niveles de entropía. Aún así, no podemos menos que considerar como extraordinariamente anormal que sean los mismos trabajadores quienes busquen perder su condición de tales para convertirse en milicianos o soldados, que al cabo es lo mismo, hipotecando sus derechos laborales alcanzados luego de grandes esfuerzos en todo el mundo, en aras de la defensa del patrono, bueno, mejor dicho, de la defensa de una élite militarista enquistada en el poder. Esto es lo que está sobre el tapete, desde que las federaciones de empleados públicos y trabajadores del sector público, Fedeunep y Fentrasep, presentaron a consideración del Ejecutivo Nacional, su propuesta de contrato marco de la administración pública.

01La propuesta establece, según se ha anunciado, en su cláusula número seis, que dichas federaciones de trabajadores públicos junto con sus sindicatos afiliados, constituirán las milicias obreras. Estas instancias organizativas representarían una consolidación de la unidad cívico-militar como recurso para fortalecer el poder defensivo nacional.

¿De dónde sacan estos pretendidos sindicalistas que los millones de servidores públicos, entre quienes se encuentran sufridas mujeres cabeza de familia que deben garantizar el sustento de sus hijos, quieren ser soldados? No importa cuánto se quiera disimular o disfrazar el carácter de miliciano, se trata de servicio militar, se trata de tropa o gente de guerra.

Frente a esta propuesta, y en virtud de la condición de subordinación de los soldados que todos conocemos, ya no importa nada cuáles sean las reivindicaciones planteadas en el marco del contrato colectivo que se pretende discutir. ¿Quién ha visto soldado discutiendo con su jefe una orden, o protestando por condiciones de trabajo ‘inadecuadas’?, ¿quién ha visto un soldado en huelga?, ¿acaso no conocen el principio de obediencia debida esos señores que se dicen representantes de los trabajadores?

Los soldados no son trabajadores, son soldados, y como tales se les hacen unas exigencias que no nos compete discutir aquí. Los trabajadores no son soldados y no tienen por qué serlo a menos que se decrete una condición de emergencia nacional o una guerra de verdad (no psicológica).

Los trabajadores del sector público en Venezuela están viviendo una hora menguada, la élite militarista gobernante ha eliminado el valor del conocimiento y el mérito para el trabajo en el servicio público, ya no se exige la preparación adecuada ni se busca el compromiso de servicio ciudadano, sino la sumisión a la doctrina, al jefe, como en los tiempos de Gómez, ¡quién lo diría!, aunque más bien peor porque en ese tiempo era sólo la sumisión al jefe.

Los trabajadores del sector público en Venezuela, todos los trabajadores, en realidad todo el país, requiere urgentemente una coalición de fuerzas democráticas que ponga freno a la destrucción de nuestra sociedad.

De sindicatos y milicias by PolitiKa UCAB Imagen mercedes PDF compartir Mercedes Martelo / 06 de noviembre de 2014 El llamado primer contrato colectivo socialista de los servidores de la patria entró en discusión formalmente a partir de esta semana. El patrono “Estado” y los ¿representantes sindicales? Analizarán, aparte de condiciones laborales clásicas, una propuesta espeluznante: la creación de milicias de empleados públicos. La contratación colectiva se supone un instrumento legal para organizar las condiciones de trabajo en el ámbito de un sector laboral de manera que no haya diferencias extremas entre trabajadores similares de diferentes empresas u organizaciones. Representantes de las partes (trabajadores y patronos) negocian hasta acordar las condiciones que resultan convenientes y sustentables. Los trabajadores buscan no solo mejoras en las remuneraciones, sino también apoyo en servicios médicos, recreativos, educativos. Los patronos buscan satisfacer las solicitudes de los trabajadores sin que ello signifique afectar la viabilidad de la organización. La negociación debe resultar en un acuerdo que ampara a todos los trabajadores del sector por un tiempo determinado, luego del cual volverá a revisarse. En el transcurso de la evolución del capitalismo, los trabajadores aprendieron que a estas negociaciones resultaba más conveniente presentarse organizados en estructuras que reciben el nombre de sindicatos (Drae: asociación de trabajadores constituida para la defensa y promoción de intereses profesionales, económicos o sociales de sus miembros). Cuando el patrono es el Estado, la negociación es más compleja porque entran en juego nuevos niveles de intereses que involucran a toda la sociedad, no obstante, en una sociedad ‘normal’ se trataría de una negociación en la cual los trabajadores buscan mejoras en sus condiciones laborales y el Estado busca llegar hasta un nivel sustentable de satisfacción en el marco de una negociación que reflejaría las condiciones de las fuerzas políticas en un momento dado. Pero en Venezuela no estamos en una sociedad normal, no vivimos un tiempo normal sino un tiempo de confusión, de altos niveles de entropía. Aún así, no podemos menos que considerar como extraordinariamente anormal que sean los mismos trabajadores quienes busquen perder su condición de tales para convertirse en milicianos o soldados, que al cabo es lo mismo, hipotecando sus derechos laborales alcanzados luego de grandes esfuerzos en todo el mundo, en aras de la defensa del patrono, bueno, mejor dicho, de la defensa de una élite militarista enquistada en el poder. Esto es lo que está sobre el tapete, desde que las federaciones de empleados públicos y trabajadores del sector público, Fedeunep y Fentrasep, presentaron a consideración del Ejecutivo Nacional, su propuesta de contrato marco de la administración pública. 01La propuesta establece, según se ha anunciado, en su cláusula número seis, que dichas federaciones de trabajadores públicos junto con sus sindicatos afiliados, constituirán las milicias obreras. Estas instancias organizativas representarían una consolidación de la unidad cívico-militar como recurso para fortalecer el poder defensivo nacional. ¿De dónde sacan estos pretendidos sindicalistas que los millones de servidores públicos, entre quienes se encuentran sufridas mujeres cabeza de familia que deben garantizar el sustento de sus hijos, quieren ser soldados? No importa cuánto se quiera disimular o disfrazar el carácter de miliciano, se trata de servicio militar, se trata de tropa o gente de guerra. Frente a esta propuesta, y en virtud de la condición de subordinación de los soldados que todos conocemos, ya no importa nada cuáles sean las reivindicaciones planteadas en el marco del contrato colectivo que se pretende discutir. ¿Quién ha visto soldado discutiendo con su jefe una orden, o protestando por condiciones de trabajo ‘inadecuadas’?, ¿quién ha visto un soldado en huelga?, ¿acaso no conocen el principio de obediencia debida esos señores que se dicen representantes de los trabajadores? Los soldados no son trabajadores, son soldados, y como tales se les hacen unas exigencias que no nos compete discutir aquí. Los trabajadores no son soldados y no tienen por qué serlo a menos que se decrete una condición de emergencia nacional o una guerra de verdad (no psicológica). Los trabajadores del sector público en Venezuela están viviendo una hora menguada, la élite militarista gobernante ha eliminado el valor del conocimiento y el mérito para el trabajo en el servicio público, ya no se exige la preparación adecuada ni se busca el compromiso de servicio ciudadano, sino la sumisión a la doctrina, al jefe, como en los tiempos de Gómez, ¡quién lo diría!, aunque más bien peor porque en ese tiempo era sólo la sumisión al jefe. Los trabajadores del sector público en Venezuela, todos los trabajadores, en realidad todo el país, requiere urgentemente una coalición de fuerzas democráticas que ponga freno a la destrucción de nuestra sociedad.

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