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La triple crisis venezolana

by PolitiKa UCAB
Hector Briceño / 15 de enero de 2015

El país vive la configuración y alineación de una triple crisis: Política, Económica y Social.

La Crisis Política. La reducción de las relaciones de poder a la simple imposición arbitraria de un grupo minoritario detentor de los principales recursos de poder: Instituciones del Estado, medios de comunicación, cuasimonopolio de la violencia, y recursos económicos (que aunque mermados, mayores a los de cualquier otro grupo político).

Esta crisis se traduce en ingobernabilidad y anarquía. Un gobierno que carece de total credibilidad y de legitimidad no puede encontrar obediencia entre los ciudadanos. Sólo puede imponerse a través de la coerción. Y en muchas ocasiones, la coerción no es suficiente.

La Crisis Económica. La expresa e intencional destrucción de la economía productiva (delineada en el 1er Plan Socialista 2007-2013) y su sustitución por la parasitaria economía “socialista”.

Esta crisis ha producido decrecimiento, inflación y escasez, pero sobre todo, la inmensa desconfianza de los agentes económicos en el cambiante entorno jurídico y el temor a ser víctima del desprecio que el gobierno profesa sobre los empresarios venezolanos (no así en los capitalistas chinos, rusos, bielorrusos, cubanos, entre otros).

La Crisis Social. La ausencia total de normas sociales de referencia y comportamiento. El gobierno venezolano promovió una transición hacia un sistema de valores (Socialismo del Siglo XXI) que sin siquiera penetrar de manera importante en la sociedad, se encuentra en absoluta decadencia. Este sistema de valores (caracterizado especialmente por la violencia verbal, institucional y física, y el desprecio hacia “otros” sintetizado en el maniqueo “estás conmigo o en mi contra”) convive con diferentes sistemas de valores sociales configurando un estado de anomia. A esto debemos sumar el aumento de la pobreza, la desigualdad y la violencia, que funcionan como amplificador y canal conductor de estas crisis.

La triple crisis con la que inicia el 2015 dibuja un panorama sombrío para los venezolanos.

Tratando de indagar cómo los venezolanos experimentan esta triple crisis, en un grupo focal realizado recientemente en sectores populares pedimos a los participantes que hicieran un ejercicio: cerrar los ojos e imaginar su vida y la de su familia en 5 años. Al abrirlos, debían contarnos qué cosas vieron.

Las caras fueron suficientemente elocuentes como para expresar lo que luego fue corroborado por los pocos que se atrevieron a hablar. Una mujer joven (a lo sumo 30 años de edad) alzó la voz por encima para expresar, en un tono de reproche por tan odioso ejercicio: “Me vi en la urna”. Las cabezas de la totalidad de participantes coincidieron en un movimiento afirmativo, una mirada baja y perdida en la desilusión.

La compresión de que todo está mal, acompañada de la expectativa de que todo empeorará (aunque no pueden imaginar cómo), dan paso a la desesperanza, convirtiendo al futuro en un lugar incierto, oscuro e indeseado. Sólo el presente, deteriorado, decadente, pero sin duda, mejor que el futuro que se vislumbra.

En este escenario, Venezuela necesita urgentemente una muestra, una señal de que es posible un futuro distinto. Un cambio político no puede ser exclusivamente el resultado de la desesperanza. La indignación y desilusión pueden activar el voto castigo, la protesta castigo y manifestaciones similares; pueden aumentar la magnitud de la crisis hasta llevar a un desenlace, pero no puede convertirse en esperanza.

Tres crisis, tres soluciones

Aunque las crisis cabalgan juntas y se arrean mutuamente, se trata de fenómenos distintos que requieren soluciones específicas: la crisis política, un nuevo modelo de ejercicio del poder; la económica, un modelo de producción; la social, una estructura de valores y normas. Y aunque los tres modelos deben ser compatibles entre sí, deben también salvaguardar su independencia.

Por encima de todo, las soluciones deben reflejar a la sociedad venezolana en su totalidad, sus expectativas, sueños y esperanzas. El modelo político reflejar la diversidad política, ideológica y partidista. El económico a los trabajadores, empresarios y consumidores. El social a las distintas clases sociales y sus demandas de modernización.

La triple crisis venezolana by PolitiKa UCAB Hector Briceño / 15 de enero de 2015 El país vive la configuración y alineación de una triple crisis: Política, Económica y Social. La Crisis Política. La reducción de las relaciones de poder a la simple imposición arbitraria de un grupo minoritario detentor de los principales recursos de poder: Instituciones del Estado, medios de comunicación, cuasimonopolio de la violencia, y recursos económicos (que aunque mermados, mayores a los de cualquier otro grupo político). Esta crisis se traduce en ingobernabilidad y anarquía. Un gobierno que carece de total credibilidad y de legitimidad no puede encontrar obediencia entre los ciudadanos. Sólo puede imponerse a través de la coerción. Y en muchas ocasiones, la coerción no es suficiente. La Crisis Económica. La expresa e intencional destrucción de la economía productiva (delineada en el 1er Plan Socialista 2007-2013) y su sustitución por la parasitaria economía “socialista”. Esta crisis ha producido decrecimiento, inflación y escasez, pero sobre todo, la inmensa desconfianza de los agentes económicos en el cambiante entorno jurídico y el temor a ser víctima del desprecio que el gobierno profesa sobre los empresarios venezolanos (no así en los capitalistas chinos, rusos, bielorrusos, cubanos, entre otros). La Crisis Social. La ausencia total de normas sociales de referencia y comportamiento. El gobierno venezolano promovió una transición hacia un sistema de valores (Socialismo del Siglo XXI) que sin siquiera penetrar de manera importante en la sociedad, se encuentra en absoluta decadencia. Este sistema de valores (caracterizado especialmente por la violencia verbal, institucional y física, y el desprecio hacia “otros” sintetizado en el maniqueo “estás conmigo o en mi contra”) convive con diferentes sistemas de valores sociales configurando un estado de anomia. A esto debemos sumar el aumento de la pobreza, la desigualdad y la violencia, que funcionan como amplificador y canal conductor de estas crisis. La triple crisis con la que inicia el 2015 dibuja un panorama sombrío para los venezolanos. Tratando de indagar cómo los venezolanos experimentan esta triple crisis, en un grupo focal realizado recientemente en sectores populares pedimos a los participantes que hicieran un ejercicio: cerrar los ojos e imaginar su vida y la de su familia en 5 años. Al abrirlos, debían contarnos qué cosas vieron. Las caras fueron suficientemente elocuentes como para expresar lo que luego fue corroborado por los pocos que se atrevieron a hablar. Una mujer joven (a lo sumo 30 años de edad) alzó la voz por encima para expresar, en un tono de reproche por tan odioso ejercicio: “Me vi en la urna”. Las cabezas de la totalidad de participantes coincidieron en un movimiento afirmativo, una mirada baja y perdida en la desilusión. La compresión de que todo está mal, acompañada de la expectativa de que todo empeorará (aunque no pueden imaginar cómo), dan paso a la desesperanza, convirtiendo al futuro en un lugar incierto, oscuro e indeseado. Sólo el presente, deteriorado, decadente, pero sin duda, mejor que el futuro que se vislumbra. En este escenario, Venezuela necesita urgentemente una muestra, una señal de que es posible un futuro distinto. Un cambio político no puede ser exclusivamente el resultado de la desesperanza. La indignación y desilusión pueden activar el voto castigo, la protesta castigo y manifestaciones similares; pueden aumentar la magnitud de la crisis hasta llevar a un desenlace, pero no puede convertirse en esperanza. Tres crisis, tres soluciones Aunque las crisis cabalgan juntas y se arrean mutuamente, se trata de fenómenos distintos que requieren soluciones específicas: la crisis política, un nuevo modelo de ejercicio del poder; la económica, un modelo de producción; la social, una estructura de valores y normas. Y aunque los tres modelos deben ser compatibles entre sí, deben también salvaguardar su independencia. Por encima de todo, las soluciones deben reflejar a la sociedad venezolana en su totalidad, sus expectativas, sueños y esperanzas. El modelo político reflejar la diversidad política, ideológica y partidista. El económico a los trabajadores, empresarios y consumidores. El social a las distintas clases sociales y sus demandas de modernización.

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